26/10/2026 - Cuando criticar a todos es la única forma de existir
EL COMUNICADOR DEL ENOJO
En toda ciudad hay voces críticas. Son necesarias. La crítica seria, con datos, con respeto por las instituciones, es la base de la democracia. Pero en los últimos tiempos, en Esperanza como en muchas ciudades del interior, apareció un nuevo personaje: el comunicador del enojo permanente.
EL COMUNICADOR DEL ENOJO :
En toda ciudad hay voces críticas. Son necesarias. La crítica seria, con datos, con respeto por las instituciones, es la base de la democracia. Pero en los últimos tiempos, en Esperanza como en muchas ciudades del interior, apareció un nuevo personaje: el comunicador del enojo permanente.Lo conocemos. Es un ex policía devenido en creador de contenido. Hace vivos todos los días. Y tiene una particularidad: cada día necesita un enemigo más grande.Empezó por el Intendente. Le dio resultado. La gente miró. Después fue por el Gabinete. Luego por el Poder Legislativo. No le alcanzó con los oficialistas y fue por los opositores. Y cuando ya no le quedaron políticos para atacar, fue por lo más sagrado que tiene una comunidad: los presidentes de las instituciones intermedias. Esos vecinos que trabajan gratis en el club, en la vecinal, en la cooperadora.Y hoy, su última frontera, es criticar a la gente común que, según él, "no critica como él".¿Qué le pasa a una persona así?No es política. Es psicología.Este perfil no busca cambiar la realidad. Busca audiencia. Y la audiencia del enojo es adictiva. Cada "vivo" le da una dosis de validación que antes le daba el uniforme. Pasó de tener autoridad formal, que le daba el Estado, a buscar autoridad moral, que le tiene que dar la gente en los comentarios.El problema es que esa audiencia es insaciable. Hoy te aplauden si gritás contra uno. Mañana te exigen que grites contra dos. Si un día decís "esto se hizo bien", perdés el personaje. Porque tu identidad ya no es "comunicador". Tu identidad es "el que está en contra".Por eso la escalada es infinita y predecible. Cuando se pelea con todos, termina peleándose con los que lo aplaudían al principio. Es la crónica de un aislamiento anunciado.El ex uniformado que no elaboró bien su salida de la fuerza muchas veces traslada su lógica de "nosotros contra ellos" a la vida civil. Solo que ahora el "ellos" somos todos. El poder político, el legislativo, las instituciones, y finalmente, el vecino.Hay un concepto en psicología social que se llama el "Síndrome del Cruzado Solitario". Se auto-percibe como el único despierto en una ciudad dormida. Todos los demás son cómplices o cobardes. Y el que no critica con su mismo nivel de agresión, es un traidor.¿Por qué es peligroso para la comunidad?Porque destruye el capital más importante que tiene Esperanza: su red de instituciones intermedias. Criticar a un Intendente o a un Concejal es parte del juego democrático. Meterse con los clubes, las vecinales, los bomberos, los centros de jubilados, es dinamitar los lugares donde los esperancinos nos encontramos sin grieta.Al final, el comunicador del enojo no construye nada. No propone una ordenanza, no forma una lista, no se presenta a presidir una institución. Su negocio es que todo siga mal, porque si algo se soluciona, se le termina el contenido.Las ciudades no salen adelante con gente que vive para señalar con el dedo. Salen adelante con gente que, además de criticar, se arremanga y hace.Y hacer, a veces, es mucho menos ruidoso que un vivo de Facebook.
REDACCION
En toda ciudad hay voces críticas. Son necesarias. La crítica seria, con datos, con respeto por las instituciones, es la base de la democracia. Pero en los últimos tiempos, en Esperanza como en muchas ciudades del interior, apareció un nuevo personaje: el comunicador del enojo permanente.Lo conocemos. Es un ex policía devenido en creador de contenido. Hace vivos todos los días. Y tiene una particularidad: cada día necesita un enemigo más grande.Empezó por el Intendente. Le dio resultado. La gente miró. Después fue por el Gabinete. Luego por el Poder Legislativo. No le alcanzó con los oficialistas y fue por los opositores. Y cuando ya no le quedaron políticos para atacar, fue por lo más sagrado que tiene una comunidad: los presidentes de las instituciones intermedias. Esos vecinos que trabajan gratis en el club, en la vecinal, en la cooperadora.Y hoy, su última frontera, es criticar a la gente común que, según él, "no critica como él".¿Qué le pasa a una persona así?No es política. Es psicología.Este perfil no busca cambiar la realidad. Busca audiencia. Y la audiencia del enojo es adictiva. Cada "vivo" le da una dosis de validación que antes le daba el uniforme. Pasó de tener autoridad formal, que le daba el Estado, a buscar autoridad moral, que le tiene que dar la gente en los comentarios.El problema es que esa audiencia es insaciable. Hoy te aplauden si gritás contra uno. Mañana te exigen que grites contra dos. Si un día decís "esto se hizo bien", perdés el personaje. Porque tu identidad ya no es "comunicador". Tu identidad es "el que está en contra".Por eso la escalada es infinita y predecible. Cuando se pelea con todos, termina peleándose con los que lo aplaudían al principio. Es la crónica de un aislamiento anunciado.El ex uniformado que no elaboró bien su salida de la fuerza muchas veces traslada su lógica de "nosotros contra ellos" a la vida civil. Solo que ahora el "ellos" somos todos. El poder político, el legislativo, las instituciones, y finalmente, el vecino.Hay un concepto en psicología social que se llama el "Síndrome del Cruzado Solitario". Se auto-percibe como el único despierto en una ciudad dormida. Todos los demás son cómplices o cobardes. Y el que no critica con su mismo nivel de agresión, es un traidor.¿Por qué es peligroso para la comunidad?Porque destruye el capital más importante que tiene Esperanza: su red de instituciones intermedias. Criticar a un Intendente o a un Concejal es parte del juego democrático. Meterse con los clubes, las vecinales, los bomberos, los centros de jubilados, es dinamitar los lugares donde los esperancinos nos encontramos sin grieta.Al final, el comunicador del enojo no construye nada. No propone una ordenanza, no forma una lista, no se presenta a presidir una institución. Su negocio es que todo siga mal, porque si algo se soluciona, se le termina el contenido.Las ciudades no salen adelante con gente que vive para señalar con el dedo. Salen adelante con gente que, además de criticar, se arremanga y hace.Y hacer, a veces, es mucho menos ruidoso que un vivo de Facebook.
REDACCION