29/10/2026 - ¿Gasto o inversión?
El éxito de La Noche de los Museos que incomoda a los detractores de la cultura
Con 27 espacios abiertos y un centro gastronómico desbordado de familias, la 16.ª edición de La Noche de los Museos en Esperanza demostró con hechos lo que algunos intentan negar desde el escritorio: que destinar presupuesto a la cultura no es un gasto improductivo, sino el motor que moviliza nuestra identidad y la economía local.
En tiempos donde los discursos de la austeridad mal entendida ganan terreno, se ha vuelto una preocupante moda pregonar la inutilidad de destinar presupuesto municipal a la Cultura. Bajo la bandera del "recorte", algunos se suben a una consigna tan miope como peligrosa: catalogar de "gasto" lo que en realidad es una de las inversiones más transformadoras y rentables que puede hacer una gestión pública. Quienes ven el presupuesto cultural con ojos de meros contadores olvidan que una ciudad sin arte, sin historia y sin encuentro es simplemente un aglomerado de cemento sin alma.
La mejor respuesta a estos detractors locales no se dio con debates teóricos, sino con hechos contundentes el pasado sábado en Esperanza, durante la 16.ª edición de La Noche de los Museos.
Bastaba con salir a la calle para desarmar cualquier argumento que intente vaciar de recursos a nuestra identidad.
Fue una noche perfecta. El clima templado y agradable ofició de marco para una verdadera postal de cohesión social: la familia esperancina unida, caminando a la par. Desde los más chicos, con ojos bien abiertos llenos de asombro, hasta los más grandes, aportando sus recuerdos, recorrieron los 27 espacios que abrieron sus puertas entre las 18 y las 23 horas. En cada rincón hubo cultura viva; la música y la danza se adueñaron de los lugares habilitados, demostrando que nuestras expresiones artísticas no son un lujo para unos pocos, sino un derecho colectivo que nos vincula y nos reconoce como iguales.
Pero si el valor espiritual, educativo y social no les resulta suficiente a quienes reclaman "recortes", hablemos entonces en el idioma que ellos dicen priorizar: la economía. La Noche de los Museos demostró ser un fenomenal reactivador del comercio local. Al concluir el recorrido cultural, una gran mayoría de los asistentes llenó los locales gastronómicos del centro de la ciudad. Restaurantes, bares y comedores trabajaron a pleno, dinamizando a un sector comercial que durante la semana la viene remando en un contexto complejo. Esa noche, el dinero circuló, el consumo se disparó y el empleo local se vio directamente beneficiado. ¿Siguen pensando que la cultura es un gasto improductivo?
Es de nobles, además, hacer memoria. Este hito del calendario esperancino nació gracias a la iniciativa privada y comunitaria de la recordada institución cultural Ramseyer Dayer. Tras el cierre de sus puertas, fue justamente el Estado municipal, a través de la Secretaría de Cultura, el que tomó la posta para que esta joya no se perdiera. Esa es, precisamente, la función de un municipio: sostener, potenciar y garantizar los espacios que la comunidad construye y valora.
Invertir en cultura es iluminar las calles, es darles una oportunidad a nuestros artistas locales, es educar a nuestros hijos en el valor de lo propio y es, indiscutiblemente, generar movimiento económico para nuestros trabajadores.
La Noche de los Museos nos recordó que una ciudad que invierte en su cultura es una ciudad viva, próspera y con futuro. Los detractores de siempre seguirán mirando una planilla de cálculo; nosotros preferimos mirar las calles del centro llenas de familias, de música y de trabajo.
La mejor respuesta a estos detractors locales no se dio con debates teóricos, sino con hechos contundentes el pasado sábado en Esperanza, durante la 16.ª edición de La Noche de los Museos.
Bastaba con salir a la calle para desarmar cualquier argumento que intente vaciar de recursos a nuestra identidad.
Fue una noche perfecta. El clima templado y agradable ofició de marco para una verdadera postal de cohesión social: la familia esperancina unida, caminando a la par. Desde los más chicos, con ojos bien abiertos llenos de asombro, hasta los más grandes, aportando sus recuerdos, recorrieron los 27 espacios que abrieron sus puertas entre las 18 y las 23 horas. En cada rincón hubo cultura viva; la música y la danza se adueñaron de los lugares habilitados, demostrando que nuestras expresiones artísticas no son un lujo para unos pocos, sino un derecho colectivo que nos vincula y nos reconoce como iguales.
Pero si el valor espiritual, educativo y social no les resulta suficiente a quienes reclaman "recortes", hablemos entonces en el idioma que ellos dicen priorizar: la economía. La Noche de los Museos demostró ser un fenomenal reactivador del comercio local. Al concluir el recorrido cultural, una gran mayoría de los asistentes llenó los locales gastronómicos del centro de la ciudad. Restaurantes, bares y comedores trabajaron a pleno, dinamizando a un sector comercial que durante la semana la viene remando en un contexto complejo. Esa noche, el dinero circuló, el consumo se disparó y el empleo local se vio directamente beneficiado. ¿Siguen pensando que la cultura es un gasto improductivo?
Es de nobles, además, hacer memoria. Este hito del calendario esperancino nació gracias a la iniciativa privada y comunitaria de la recordada institución cultural Ramseyer Dayer. Tras el cierre de sus puertas, fue justamente el Estado municipal, a través de la Secretaría de Cultura, el que tomó la posta para que esta joya no se perdiera. Esa es, precisamente, la función de un municipio: sostener, potenciar y garantizar los espacios que la comunidad construye y valora.
Invertir en cultura es iluminar las calles, es darles una oportunidad a nuestros artistas locales, es educar a nuestros hijos en el valor de lo propio y es, indiscutiblemente, generar movimiento económico para nuestros trabajadores.
La Noche de los Museos nos recordó que una ciudad que invierte en su cultura es una ciudad viva, próspera y con futuro. Los detractores de siempre seguirán mirando una planilla de cálculo; nosotros preferimos mirar las calles del centro llenas de familias, de música y de trabajo.